Otro aspecto de la relación entre presupuesto e invierno es el de la deuda. A ella se destina cerca del 25% del gasto. Según lo anuncia el Ministerio de Hacienda se va a revisar el portafolio del crédito de la Nación, para evitar riesgos vinculados a los costos de los préstamos, a la concentración de los pagos o vencimientos y a las monedas en que nos endeudamos. El ajuste tendrá en cuenta aspectos que antes eran poco visibles, como la ocurrencia de desastres naturales y su impacto en el manejo presupuestal y en el de la deuda específicamente.
Por causa del último invierno se adoptaron medidas de emergencia que incluyeron modificaciones presupuestales, autorizaciones para la venta de acciones de Ecopetrol, ajustes de impuestos y ampliación de la deuda. Varias de esas medidas se aplicaron y otras fueron rechazadas por la Corte Constitucional. En cualquier caso, al País le quedó un aprendizaje: la gestión del riesgo impacta las finanzas públicas y puede desestabilizarlas.
Si la gestión del riesgo natural sigue siendo por reacción, el presupuesto puede volverse inmanejable. Por su parte, si el manejo financiero no prevé el desastre, éste seguirá siendo imposible de atender y la cadena formada invierno tras invierno se convertirá en una bola de nieve que suma destrucción y consume presupuesto. Estas son las dos caras de una moneda inestable que el Gobierno está convocado a valorar y estabilizar con prontitud.


