Opinión en Diario del Huila. Por: Senador Carlos Baena.
El próximo domingo Colombia celebra una gala con la democracia. Millones de hombres y mujeres están llamados a renovar sus gobiernos y representantes con la expresión de sus preferencias. A esta cita solemne con el País y su futuro, la historia invita a la concurrencia para ir ataviada con el voto libre, el voto de conciencia y guiado por valores. Las urnas han de colmarse del tributo a la honestidad, a la pulcritud en lo más valioso que una comunidad política debe atesorar: la decisión soberana de los ciudadanos acerca de quiénes guiarán los días por llegar, su tierra y sus oportunidades.
Hace menos de treinta años, los alcaldes y gobernadores no se elegían por voto popular, era el Presidente de la República quien designaba a la cabeza del departamento y el titular de cada uno de éstos nombraba a los alcaldes. A la ciudadanía no se reservaba más que una expectativa acerca de quién orientaría las decisiones de su interés. La determinación individual colocaba sobre los hombros de la sociedad la aceptación incuestionable de quién la gobernaría. Para entonces, la responsabilidad del acierto o el error en la elección no estaría en manos de los votantes. Hoy es diferente.
Cuando en los 1102 municipios que participarán en la elección de Gobernadores, Alcaldes, Diputados, Concejales y Miembros de la Juntas Administradoras Locales, alguien quiera preguntar por el responsable de su gobierno, podrá encontrarlo en las vías, en los parques, en los espacios públicos, en cada casa. El 30 de octubre elegirá el que vaya a sufragar y también el que prefiera no participar. Al que concurra a las urnas, que lo acompañe la buena decisión instruida por su conciencia y no por algún beneficio pasajero. Al que se abstenga, que considere cómo el silencio autoriza y da licencia para que las determinaciones ajenas, aunque inconvenientes, estén por encima de las propias.
Las autoridades estatales y en especial las electorales, están en el frente principal para asegurar el respeto a la elección. A su cargo está la custodia de los votos, de la esperanza de mejorar el destino colectivo. En las manos de jurados de votación, registradores y escrutadores habrá más que papeles, estará la obligación de no frustrar el deseo de renovación de los pueblos a los que ellos mismos pertenecen.
Desde el 1 de enero de 2012 y hasta el 31 de diciembre de 2015, la decisión surtirá efectos y al juicio de las generaciones quedará concluir si la elección da mejor fruto que la simple aceptación. Para que así sea, deseamos que los millones de connacionales que concurran el domingo a votar, estén guiados, sin excepción, por el fervor y la exaltación de la rectitud y la honra de Colombia.


