Pasarán tres años para que los colombianos tengan una nueva oportunidad de concurrir a las urnas. En 2014 vendrá la elección del Congreso y de Presidencia, y en 2015 se elegirán nuevamente las autoridades locales. Para que la democracia colombiana mejore, desde ya el País necesita fijar y cumplir una agenda con transformaciones concretas. "diariodelhuila.com"
Esta semana inician en el Congreso las audiencias públicas para analizar los proyectos de reforma al Código Electoral. Uno presentado por el Congreso y otro por la Bancada de MIRA en esa corporación. No será suficiente con una modificación más, es necesario remover viejos procedimientos electorales, fijados desde 1986 y pensados para una realidad muy distinta a la que vivimos el pasado domingo en todo el territorio nacional.
El punto más estructural en esa agenda de cambio electoral es el de la cultura y la educación, como bases de una democracia real en la que la ciudadanía aprecie su poder decisorio, más allá de beneficios momentáneos.
El camino de transformación electoral pasa necesariamente por un fortalecimiento de los partidos y movimientos políticos, en aspectos fundamentales: la rendición de cuentas de sus representantes; la vigilancia constante sobre las determinaciones que adopten sus elegidos; la fijación de responsabilidades por el cumplimiento o no de los planes de gobierno y las plataformas programáticas de sus alcaldes, gobernadores y miembros de corporaciones, entre otras medidas.
En las autoridades electorales y los organismos de control son necesarias modificaciones en su composición, en sus capacidades de corrección inmediata de irregularidades y en la atención imparcial de requerimientos ciudadanos y de las organizaciones partícipes de los procesos políticos.
Las instituciones de la sociedad civil, como las veedurías y las misiones de observación, requieren de la estabilidad que les permita una actividad permanente y un protagonismo estructural.
Los medios de comunicación son canales idóneos para el seguimiento de la gestión de los gobiernos y de la actividad de los partidos, responsabilidad que han asumido con énfasis en los últimos años y que puede ser fortalecida con procesos sistemáticos de evaluación de las administraciones y los miembros de las corporaciones.
La combinación de cambios en la formación y la cultura electoral, en la organización y exigencias a los partidos y movimientos políticos, en la composición e ingeniería de los organismos electorales y de control, y el incremento de la evaluación y divulgación mediante los medios de comunicación, perfilan una agenda de largo aliento. Los próximos años serán escasos para lograr modificaciones que lleven de la coyuntura electoral a la estructura electoral.


