El mérito está llamado a ser la base de la escogencia de los auditores del interés público. Al inspirarse en la meritocracia, un postulado a dirigir un concejo, una personería o una contraloría, sustenta su aspiración en la capacidad y en la propuesta de asegurar un control honesto con la ciudadanía y justo con la administración.
Los concejos y los entes de control son canales de diálogo por los municipios, promueven que los moradores de un lugar se involucren en lo público y se ejerciten en la independencia propositiva y solidaria. Experiencias como la de Manizales, que mediante páginas de Internet convocó y logró que sus habitantes participaran del control de las obras públicas, animan a comprometerse en el cuidado de sus recursos. Figuras extendidas por distintas regiones del país, como los niños y niñas concejales, también expanden la cultura del interés común, de la convergencia cívica.
La primera semana de determinaciones a cargo de los concejos, no deja entonces un saldo cualquiera para los municipios, sino que constituye una expresión de lealtad con el pueblo. La correcta selección de los responsables de la verificación fiscal, del control político y de la gestión pública ejemplar, se convierte en prueba de la amistad con los ideales triunfantes en la elección de los gobiernos.
En síntesis, la primera semana de enero sentó en cada municipio de Colombia las bases para construir un control de intimidación o para avanzar en el control de cooperación, dirigido a realizar los valores políticos de la transparencia y la participación.


