Obras inconclusas: Presente logrado Vs. Futuro planeado
Carlos Alberto Baena López
Las obras inconclusas o sin terminar, se convirtieron en una escena que se repite en muchos lugares en Colombia. Aunque los reproches y sanciones por las fallas del Estado, sus contratistas y sus constructores son cada vez más conocidos, el daño de no acabar las obras tiene costos adicionales y mucho más graves que los económicos. El sonado caso de la Calle 26 en Bogotá, es una muestra de las heridas que las obras sin terminar le causan a la sociedad.
La frustración social es un impacto de las obras inconclusas. Cerca de seis años de espera por una obra aún no terminada, dejó de beneficiar a 32.000 personas que usarían el portal de la Calle 26. Si los 20 millones de pasajeros que transitan anualmente por el aeropuerto El Dorado hubiesen llegado hasta la vía pública más próxima al descenso de su avión, habrían recorrido una ciudad a medio hacer, como una extensión del mismo terminal aéreo que completa casi el mismo tiempo sin concluir su transformación.
Las pérdidas económicas y de tiempo son otra lesión profunda, causada con las obras sin acabar. Muchos establecimientos comerciales cerraron sus puertas ante el sellamiento impuesto por obras con día de inicio pero no de conclusión. Según Bogotá Cómo Vamos, más del 51% de los ciudadanos indican que gastan mucho más tiempo en sus trayectos y que parte de la causa de esas demoras son las obras a medias.
El ritmo del progreso se retrasa con las obras inconclusas. Muchos de los más de 110.000 niños y niñas nacidos en el primer año de las obras, ya hablan, caminan y van al colegio; sus progenitores dan un buen ejemplo del cuidado del futuro de la sociedad y contribuyen a su avance. El Estado y sus contratistas están llamados a ser como esos buenos padres de familia, cuya diligencia tanto aprecia Colombia.
La visión internacional de Bogotá y del País en general, derivada de bienes públicos a medio hacer, reduce la calificación internacional de la competitividad y productividad. En contraste, las cargas administrativas y judiciales para resolver los pleitos contractuales, cobraron un mayor realce, al punto en que las noticias judiciales tienen el primer lugar de los titulares de los diferentes medios.
Las obras sin terminar desorientan a las ciudades, las dejan con presente inconcluso y futuro confuso, pues los alcaldes entrantes encuentran su gestión atada a los problemas que les heredaron esas construcciones, lo cual no excusa de su obligación de responder al mandato ciudadano de transformar sus urbes.
De fondo, cada obra sin concluir le plantea a los gobiernos el reto de superar el presente logrado y avanzar hacia el futuro planeado.


